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A partir de este trabajo numerosos símbolos han salido nuevamente a la luz, símbolos que se habían perdido y que en los Tarots de Marsella recientes aparecían como simples líneas o formas que no tenían ningún sentido. Ahora el Tarot recupera de nuevo su coherencia y lógica en el propio dibujo además de un gran contenido simbólico. Entre los numerosos descubrimientos realizados podría destacarse: el atril que sostiene el libro de la Papisa, que permite entender la ilógica posición de su mano derecha que no sostenía el libro sino que lo tocaba por arriba, la moneda del Mago que ahora aparece medio escondida, los dos sombreros de los obispos de la carta del Papa así como la posición de las manos en actitud de oración, las torres del muro de los niños del Sol, la puerta lateral de la carta de la Casa de Dios, el río presente en la carta de la Templanza, el descubrimiento de la esfera del mundo en la manos del personaje del arcano XXI, las nubes del ángel del Juicio que son las mismas que las del As de Bastos, etc. etc. Por otra parte esta baraja tiene en las medidas de las cartas la proporción áurea, es decir el llamado canon de la belleza, la divina proporción, o número de oro, representado matemáticamente por 1.618. Esta proporción había desaparecido de los actuales juegos, aunque en algunos había una diferencia de milímetros. Asimismo se ha respetado el nombre original en francés y la numeración romana tal como aparece en las antiguas barajas. El fondo de las láminas es de color dorado. Se puede evidenciar que todos los juegos más antiguos conservados tienen algo en común, tener el fondo con el color del “pan de oro” una lámina dorada que vuelve el dibujo muy brillante. Sólo siglos después, cuando se vulgariza el uso del Tarot como un simple juego de azar o adivinación comienza a usarse papel de mala calidad y el fondo comienza a variar de color o en algunos casos es simplemente blanco. En esta baraja se ha intentado recuperar la idea del fondo dorado, ya que por una parte nos indica la luz del espíritu, nos ayuda a desarrollar la intuición y por otra nos recuerda las imágenes de los antiguos iconos. De hecho existe una estrecha relación entre el Tarot y los antiguos iconos. Éstos eran cuadros pintados con una técnica especial, con el fondo dorado y las letras de color rojo. Un icono podía representar a un santo o un pasaje bíblico. Pero, también podía colocarse en compañía de otros, creando lo que se llama un “iconógrafo”, una estructura de cuadros que forman en su conjunto toda una historia y una serie de relaciones. ¿No recuerda esto exactamente la forma del Tarot? Una carta nos indica cosas, pero cuando juntamos varias formamos una historia, una secuencia, que es la que nos da el hilo de la interpretación. Un icono sirve para meditar, o más exactamente, para, delante de él, comenzar a escuchar que es lo que esa imagen nos transmite. Con el Tarot pasa lo mismo, contemplamos una figura y ésta comienza a transmitirnos ideas, intuiciones o imágenes que llegan a nuestra mente. Ese sentido de la conexión espiritual corresponde a una actitud de detenerse a escuchar, prestar oídos a la revelación, más que intentar pedirle a la imagen lo que nosotros queremos. |
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